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Pequeña historia de la Clínica López Ibor

La primera Clínica López Ibor estuvo en la avenida de la Moncloa, en un pequeño chalet adquirido a principios de la década de los 40. Al terminar la Guerra Civil Juan José López Ibor dudó si instalarse en Barcelona o en Madrid. En su decisión final supongo que influiría la relación con intelectuales cercanos a “Acción Española” con los que había tenido un trato estrecho durante la contienda. Lo que tenía claro era que no quería volver a Valencia.

Nada más estallar la Guerra Civil, una tía, “mujer de pueblo” que apenas hablaba castellano, fue asesinada, también un primo, Ezequiel, por la única razón de que “olía a incienso” pero el detonante de abandonar la ciudad fue encontrarse en la mesa de autopsias el cadáver de un amigo víctima de la violencia contra la compañía de tranvías de Valencia. Al terminar la contienda su maestro Peset fue condenado a muerte y poco después ejecutado, sin que de nada sirvieran las gestiones de López Ibor y otros compañeros.

Hubo una segunda Clínica López Ibor que se inauguró poco después de la primera en sendos chalets de la calle Olivos y Pastor, muy cerca de la primera.

La Clínica iba a llamarse “La Flecha” como el convento al que se retiró Fray Luis de León. Sin embargo Luis Aliño comentó que la entonces más conocida casa de citas de Barcelona tenía el mismo nombre, por lo que pasó a llamarse “La Brújula”. Sin embargo en los cubiertos y servilletas y en algún que otro elemento decorativo, siguió figurando una flecha.

Con motivo de la celebración del Congreso Mundial de Psiquiatría en Madrid en 1966, Socorro decidió que su marido debía tener la mejor clínica psiquiátrica del mundo y así se ocupó de buscar terrenos, créditos, arquitecto, constructor y toda la asesoría necesaria. Se compró un abrigo de una especie de astracán blanco con el cual acudía diariamente a la obra, se subía a los andamios o revisaba los cimientos. El final de la obra coincidió con el final de la vida útil del abrigo, desgarrado de tantos paseos por la obra.

López Ibor tenía experiencia de otras clínicas. Después de la Guerra Civil, llevó la Dirección del Sanatorio Esquerdo de Madrid en la que contó con la ayuda de los dos hermanos José y Fermín Doncel. Con el tiempo se creó una Sociedad entre los tres y la familia Esquerdo a partes iguales para la explotación del mismo.

López Ibor había sido también asesor de la Clínica Les Rives de Prangins en Suiza, que era sin duda la Clínica más famosa del mundo, creada por Forel a finales de la década de 1920. Una serie de conflictos entre pacientes y psiquiatras llevaron a nombrar a tres asesores externos Ludo van Bogaert, Henry Ey y Juan José López Ibor. Esta Clínica ha desaparecido como tal, sus edificios se han desmembrado y es en la actualidad un Hospital Cantonal. La otra gran Clínica Suiza era la Bellevue Klinik de los Binswanger en Kreutzlingen, que se cerró en 1980 tras 150 años de funcionamiento. Hoy es un establecimiento para tratar varices.

La actual Clínica López Ibor se inauguró el primero de Abril de 1967. El edificio es de Manuel Manzano Monis, pero en su diseño intervino casi toda la familia. El edificio es muy original, muy bonito y hemos procurado mantenerlo intacto. Sólo tiene un añadido que es el de un cobertizo que era donde aparcaba López Ibor su coche y que se ha convertido en la actual biblioteca.

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El edificio ha sufrido remodelaciones internas importantes. Se ha cambiado la calefacción, el aire acondicionado, la electricidad, los teléfonos y se han reconstruido algunas plantas y consultas, todo ello sin parar su actividad, ya que el diseño es muy modular y con muchas innovaciones. Fue el segundo edificio de Madrid que tuvo aire acondicionado en el 100% de sus dependencias (el primero fue el edificio Vega de Miguel Fisac). La sala de máquinas está enterrada y separada del resto del edificio para evitar ruidos y vibraciones. El edificio posee una parcela de algo más de dos hectáreas y en la actualidad está pegado a la M-30.

La Clínica se concibió como un espacio diseñado para estancias largas de los pacientes y estaba dotada de todas las instalaciones y servicios: piscina, jardines, pistas de tenis, mini golf, etc…

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El edificio se encuentra catalogado en la guía de arquitectura del Colegio de Arquitectos de Madrid.

El personal asistencial seleccionado y formado fue clave para el éxito de la Clínica, se cuidaba al máximo los detalles y el trato a los pacientes. Como dato curioso las enfermeras vestían uniformes diseñados por Balenciaga.

Juan José López Ibor era un convencido de las técnicas de exploración clínica. El primer electroencefalógrafo que es instaló en España lo tuvo él, un Grass de cuatro canales. Los Barcia afirman que el primero lo instaló D. Juan Barcia en Valencia, pero sea lo que fuere ambos Juanes fueron pioneros.

El segundo TAC y el primero exclusivamente para el cerebro se instaló en la Clínica López Ibor y después de él se ha instalado un PET, un PET/TAC y un Ciclotrón. También se ha instalado en esta Clínica el primer equipo de Brain Mapping que había en Europa. Yo lo había visto en uno de los Congresos de la Asociación Americana de Psiquiatría e inmediatamente lo encargué. Pocos meses después se instaló uno semejante en Italia. Hoy cuenta con uno de los pocos equipos de estimulación magnética transcraneal que hay en España.

El nuevo edificio tiene más del doble de camas que el antiguo de “La Brújula”. Ya a López Ibor le preocupaba su sostenibilidad. Un día me contó que si encontrábamos alguna técnica equivalente a lo que él había puesto en marcha con la acetilcolina y el uso de los IMAO en las neurosis, la Clínica como tal estaría salvada. Poco después comenzamos a trabajar con la clomipramina y a utilizarla en casos resistentes y por vía intravenosa. También por ésta época con Eduardo Fernández Córdoba comenzó el tratamiento con carbonato de litio y creo que fuimos el tercer lugar o si no el cuarto del mundo que comenzó con la utilización sistemática de litio. Tras los estudios de Cade en Australia y Schou en Copenhague, hicimos estudios para ver la manera de retardar su absorción y poder reducir el número de veces de administración a una cada doce horas. El laboratorio Lasa nos ayudó y terminó por comercializar este preparado con el nombre de Plenur.

Hemos sido de los primeros en utilizar el Leponex, los antipsicóticos depot y somos una de las pocas instituciones que se dedican a la Estimulación Cerebral Profunda y cada día andamos buscando innovaciones.

Yo estuve bastante tiempo poco vinculado a la Clínica López Ibor porque quería mejorar mi formación y hacer una carrera académica. Estuve en Frankfurt, Londres y luego como profesor universitario en Oviedo, Salamanca, Alcalá de Henares, también como Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal y en la Complutense. Llegó un momento en que mi madre me pidió que dirigiera la Clínica y pusiera en orden lo que era una típica sociedad familiar, que quise transformar en una Sociedad Anónima normal y corriente. Tenía experiencia en este sentido a través de mi paso por la presidencia de Sanitas.

Hoy en día y desde hace 45 años, la Clínica López Ibor ofrece asistencia psiquiátrica integral en régimen de hospitalización, en habitaciones individuales con acompañante y atiende urgencias psiquiátricas las 24 horas. También pone a disposición de otros psiquiatras técnicas diagnósticas y terapéuticas específicas para sus pacientes en régimen ambulatorio o de hospital de día. Multitud de actividades que van desde la psicomotricidad a la terapia ocupacional que proporcionan normalidad a la vida de los enfermos mentales, al mismo tiempo que tienen a su disposición servicios como técnicas de psicoeducación grupal, psicoterapia de apoyo de tiempo limitado, terapia interpersonal o terapias cognitivo-conductuales individuales y grupales.

La idea de Juan José López Ibor era que la Clínica no tenía que proporcionar beneficios y que la única ganancia que se podía obtener de ella era por el trabajo que cada una de las personas de la familia llevara a cabo como médico en su consulta. Este principio se ha ido manteniendo en el sentido que no repartimos beneficios, lo cual va en detrimento de los pequeños accionistas que son hermanos y hermanas no médicos.

La Clínica es la sede de la Fundación Juan José López-Ibor que cree en 2006 con motivo del centenario de mi padre. Ella es la depositaria de la Biblioteca López Ibor que tiene unos treinta mil volúmenes de los cuales casi veinte mil están ya catalogados y que abriremos al público en los próximos meses, aunque ahora admitimos algunos investigadores.

La Fundación edita la RevistaActas Españolas de Psiquiatría” que ha sobrevivido a tiempos difíciles. Cuando López Ibor fue desterrado en 1945 perdió algunos de sus privilegios, como editar una Revista o dirigir Tesis Doctorales (de hecho tuvo que dejar la dirección de la Tesis de Carlos Castilla del Pino). A él se le ocurrió internacionalizar la revista e hizo un viaje relámpago a Lisboa a través de un punto fronterizo, cuyo responsable tenía una hija que había sido tratada por él y que le dejó cruzarla sin pasaporte. Con Barahona y más tarde con Leme Lopes la revista cambió de nombre por el de “Actas Luso-Españolas de Psiquiatría”.

En sus comienzos la Clínica pudo sobrevivir gracias a una clientela en su gran mayoría de fuera de Madrid, no sólo de otros puntos de España sino también de Hispanoamérica, en una época de gran desarrollo económico, también de Italia y de otros países europeos y árabes.

Desde siempre hemos tenido la tentación de abrir alguna que otra sucursal, pero nuestro servicio está personalizado, cosa que es muy difícil de conseguir. Un aspecto esencial de la Clínica es el personal de la misma. Cuando yo me hice cargo de ella, tuve una reunión con el Comité de Empresa para asegurarles que la idea era sacar adelante la Clínica que estaba por aquel entonces poco menos que en banca rota, sin prescindir del personal. Esto lo hemos ido haciendo a pesar de las dificultades que han surgido por ésta larga y profunda crisis económica.

El clima laboral es excelente, con un personal muy antiguo. Ni a mi madre ni a mí nos gustan las caras nuevas, pero tampoco a muchas de las personas que vienen aquí, que quieren encontrarse con la misma enfermera, la misma telefonista, auxiliar, secretaría y personal de administración, con un servicio de calidad, servicio que no se puede conseguir de otra manera.

En la Clínica López Ibor estuvo la Secretaría de la Asociación Mundial de Psiquiatría durante siete años y luego la oficina del Presidente. Esto le ha dado un gran renombre internacional y también un gran prestigio.

Con la aparición de las aseguradoras sanitarias y mutuas, la Clínica pasó a firmar convenios con las principales del mercado. Hoy en día el cincuenta por ciento de los pacientes son privados y el resto de aseguradoras y mutuas.

En 2007 la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid otorgó la Medalla de Plata a la Clínica López Ibor por su trayectoria en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales.

El sistema de calidad de la Clínica López Ibor cumple con los requisitos de la norma UNE-EN ISO 9001: 2008, número de certificado EC-1.1862.10 de fecha 10 de diciembre de 2010 para servicios asistenciales de hospitalización psiquiátrica, consultas externas (psiquiatría, neuropsicología, neuropsiquiatría y psicología) y urgencias psiquiátricas.

En 2009 Alberto Ruíz Gallardón, entonces Alcalde de Madrid, decidió cambiar el nombre de la calle que pasó a llamarse Doctor Juan José López Ibor.

En la Clínica López Ibor está ya incorporada la tercera generación, tanto en lo que se refiere a la gestión, Juan, como en lo que se refiere a la Dirección Médica, María Inés. Casi todos los lunes comemos los tres, junto con mi hijo Jaime que es el financiero de la familia, para analizar cómo van las cosas en el país y en lo que a nosotros nos concierne. Cuando comenzó la crisis teníamos en proyecto la creación de un hospital para el cerebro de unos dieciocho mil metros cuadrados. El diseño lo habíamos encargado a Richard Rogers y teníamos un socio, pero poco después de haber sido aprobado, tuvimos que echarnos para atrás por esta crisis. En una de esas comidas de los lunes nos planteamos qué hacer si esperábamos a que pasara la crisis para volver a retomar el proyecto o continuábamos desarrollándonos por nuestra cuenta de la mejor manera que pudiéramos y decidimos esto último. Fue acertado en ese momento porque yo pensaba que la crisis iba a ser muy profunda, larga y sobre todo que al final nunca volvería el mundo anterior. Así ha sido y así seguiremos creciendo y desarrollándonos, eso sí poco a poco, pero sin parar.

En Mayo de 2012 apertura de una planta en Barcelona, el Instituto Europeo de Neurociencias Dr. López-Ibor, centro especializado en la atención de pacientes con diagnóstico principal psiquiátrico que pasan por una fase aguda o subaguda de la enfermedad. El compromiso es el mismo: conseguir que el espíritu y el sueño de Juan José López Ibor y Socorro Aliño Testor permanezcan, D.M., vivos e intactos con el paso de los años, generación tras generación.

Prof. Juan J. López-Ibor Aliño.