La Clínica López Ibor ha lanzado una advertencia crucial: hablar del suicidio, lejos de causar el temido «efecto llamada», es la herramienta más poderosa para salvar vidas. Expertos en salud mental afirman que el verdadero debate ya no es si se habla, sino CÓMO lo hacemos con la responsabilidad y empatía que la crisis exige.
Aunque las caídas accidentales han superado al suicidio como primera causa de muerte no natural, la tragedia sigue siendo una epidemia oculta. El Instituto Nacional de Estadística (INE) registró en 2023 la escalofriante cifra de 3.679 muertes por suicidio, una cifra que exige acción inmediata.
El silencio es un muro que impide el acceso a la ayuda. La psiquiatra Marta Soto subraya que los espacios seguros de escucha no son un lujo, sino una necesidad «esencial» para cualquiera en una crisis. La solución es simple y urgente: pasar de la «invisibilidad» al reconocimiento inmediato y legítimo del dolor emocional.
Los profesionales exigen una corresponsabilidad social inmediata. La prevención se basa en acciones concretas y un lenguaje sin miedo:
- Busque cambios drásticos de comportamiento: aislamiento total, pérdida severa de interés, alteraciones graves en el sueño o el apetito, o frases de autodevaluación como ‘no valgo nada’.
- Deje de usar eufemismos (‘se fue’, ‘descansó’). Use la palabra ‘suicidio’ de forma clara y sin estigmas (‘fracaso’, ‘locura’). El periodismo y la comunicación deben evitar detalles sobre métodos y centrarse en el mensaje central: «La ayuda es posible.»
El autocuidado nunca puede ser un sustituto. La única solución probada es la psicoterapia basada en la evidencia (TCC, Dialéctico-Conductual)
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