Hoy, día 13, se celebra el Día Mundial de la Depresión, una enfermedad que, pese a haber cobrado visibilidad en los últimos años gracias a la mayor atención dada a la salud mental desde la pandemia, sigue estando infradiagnosticada.
El Dr. Ignacio Basurte, director médico de la Clínica López Ibor, comenta lo siguiente: «La depresión sigue confundiéndose con debilidad, falta de voluntad o simples malas rachas. Se minimizan síntomas como la anhedonia, el deterioro cognitivo o la apatía, que no siempre encajan en la imagen clásica de tristeza. Se puede observar también un repunte en pacientes jóvenes con altos niveles de autoexigencia y diagnósticos cruzados con ansiedad o TDAH».
«Muchos pacientes consultan por cansancio persistente, problemas de concentración, irritabilidad o insomnio, más que por tristeza explícita», explica el Dr. Basurte.
Los hallazgos más recientes de Cochrane ratifican una conexión fundamental: la actividad física se posiciona como una herramienta de alta eficacia, equiparable a la terapia psicológica para mitigar los cuadros depresivos. Aunque los datos sugieren que su impacto podría ser tan relevante como el de los fármacos antidepresivos, los expertos califican este último punto con un nivel de evidencia preliminar.
Investigadores de la Universidad de Lancashire, en el Reino Unido, lideraron esta investigación exhaustiva que auditó un total de 73 ensayos clínicos aleatorizados. La muestra global incluyó a cerca de 5.000 pacientes adultos diagnosticados con depresión, analizando el impacto del deporte frente a grupos de control, sesiones de psicoterapia y tratamientos farmacológicos.
Los resultados muestran que hacer ejercicio puede suponer un beneficio moderado en la reducción de los síntomas depresivos. En comparación con la psicoterapia, tuvo un efecto similar sobre los síntomas depresivos, según la evidencia científica de certeza moderada procedente de 10 ensayos. Las comparaciones con los antidepresivos también apuntan a un efecto similar, pero la evidencia es limitada y de certeza baja. Los efectos a largo plazo no están claros ya que pocos estudios hicieron un seguimiento a los participantes después del tratamiento.
En cuanto a los efectos secundarios, resultaron ser poco frecuentes entre los que se encontraron lesiones musculoesqueléticas de carácter ocasional en aquellas personas que realizaban ejercicio y algunos efectos típicos relacionados con la ingesta de medicación en quienes tomaban antidepresivos, como cansancio y problemas digestivos. «Nuestros hallazgos muestran que parece ser una opción segura y accesible para ayudar a controlar los síntomas de la depresión».
La revisión también observo que el de intensidad leve a moderada podría ser más beneficioso que el ejercicio intenso, y que completar entre 13 y 36 sesiones se asoció con mayores mejorías en los síntomas depresivos. Ningún ejercicio concreto fue claramente superior, aunque los programas de ejercicios mixtos y el entrenamiento de fuerza parecieron más efectos que el ejercicio aeróbico solo, y algunas formas de ejercicio -como el yoga y los estiramientos- no se incluyeron en el análisis.
«El ejercicio puede ayudar a las personas con depresión, pero si queremos ver cuál funciona mejor, para quién y si los beneficios perduran en el tiempo, se necesitan estudios más grandes y de alta calidad», concluye Clegg.
Fuente: La Razón
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