Cómo mejorar la motivación: 12 tips imprescindibles

La motivación personal es el detonador de nuestra actividad, sin motivación cualquier actividad se convierte en una rutina y una carga. A continuación os contamos cómo mejorar la motivación en 12 tips imprescindibles.

La motivación es el estado interno que nos impulsa hacia un objetivo, por lo que es fundamental para alcanzar nuestras metas y permitir nuestro desarrollo personal. Una motivación alta nos permitirá enfrentarnos a los problemas y desafíos que se interpongan en nuestro camino. Mantenerse motivado no es fácil, por ello vamos a comentar estrategias que nos pueden ayudar a mejorar y mantener nuestra motivación.

¿Cómo empezar un camino si no sabemos a dónde vamos? Por ejemplo: quiero convertirme en una persona más positiva porque estoy seguro de los grandes beneficios de conseguirlo.

Un objetivo razonable y realista implica que seamos honestos con nosotros mismos y midamos nuestras fuerzas. Si me inclino por un objetivo poco razonable y realista es probable que me desmotive y abandone la idea al sentirme incapaz de alcanzarlo. Por ejemplo: prepararme para correr una maratón dentro de 1 semana sin haber hecho jamás una carrera de fondo.

Esta técnica la utilizan los deportistas de élite en los minutos antes de la prueba, porque disminuye la ansiedad y aumenta la confianza en uno mismo. Por ejemplo: si tengo clase de inglés pero empiezo a sentir pereza, puedo imaginarme disfrutando hablando inglés y conseguir así que mi motivación se reactive.

Si el objetivo tarda en llegar, es posible que terminemos cansándonos y abandonando. Por ello, se hace fundamental tener pequeñas metas y premios que sirvan para fortalecer nuestra motivación. Por ejemplo: Si mi deseo es llegar a terminar una carrera de 10 km, deberé ir aumentando la distancia recorrida cada semana hasta alcanzar la distancia objetivo, me podré premiar contando a mis amigos mis progresos o comprándome unas nuevas zapatillas de deporte al superar los 5 km.

A menudo tendemos al pensamiento extremista. Por ejemplo: si un día no consigo mi propósito, pienso que soy un fracasado y abandono diciéndome que no sirve de nada lo alcanzado hasta ese momento. Por ello aceptar que el fracaso forma parte del proceso es vital para no renunciar.

Comparte con tu entorno de confianza lo que quieres lograr y muéstrales los avances que vas consiguiendo. Esto nos ayudará de 2 maneras. Por un lado, el impacto en nuestra autoestima que supone la valoración social y por otro, la presión a la que nos sometemos por no querer defraudarles. Por ejemplo: si le he contado a mis amigos mi intención de dejar de fumar y les voy mostrando mi buena evolución, me sentiré más fuerte para seguir adelante.

Conseguir una meta lleva su tiempo y requiere un proceso que no podemos saltarnos. Por ejemplo: si mi objetivo es perder 8 kilos, si acepto que me llevará varias semanas, evitaré sentirme decepcionado cuando sólo haya perdido 2 kilos en la primera semana.

Darnos cuenta de que el esfuerzo está dando sus frutos y centrarnos en lo que ya hemos logrado, hará más probable que sigamos adelante. Por ejemplo: si quiero aprender un idioma y todavía voy por la mitad de la formación, no me ayudará centrarme en que todavía no soy capaz de mantener una conversación fluida, siendo mucho más beneficioso ser consciente de cómo he ampliado mi vocabulario.

Cuando la motivación flaquea, tendemos a buscar una excusa para no llevar a cabo lo que teníamos pensado. Por ello, cuando nos hemos propuesto un objetivo, no tenemos que pensar si nos apetece o si nos asusta. Cuando nos hemos propuesto un objetivo lo tenemos que hacer aunque no nos apetezca o aunque nos asuste. Por ejemplo: mi objetivo es ganar soltura conduciendo y tengo una ruta planeada, pero me da miedo coger el coche porque me saqué el carné hace poco. Probablemente, empiece a pensar que está nublado o que tal vez pueda llover, para no enfrentarme a mi miedo.

Cuanto más esfuerzo me requiera una actividad, más probable será que la abandone. En este sentido, has de organizar tus hábitos para favorecer la posibilidad de llevarla a cabo. Por ejemplo: me he propuesto dejar de tomar helado. Será más fácil si no tengo helado en casa.

Si aceptamos que habrá momentos duros, en los que tengamos que hacer un esfuerzo extra, será más fácil que en esos momentos recordemos que ya contábamos con ello y que sigamos adelante. Por ejemplo: cuando preparándome para una oposición esté ante un tema especialmente difícil, recordaré que cuando tomé la decisión de opositar ya contaba con ello, me ayudará a persistir en el empeño.

Si no tienes claro los motivos por los que te estas esforzando, es fácil que en los momento difíciles puedas abandonar. Por ejemplo: estoy corriendo un maratón, llevo 30 kilómetros, me duelen las piernas y mi único pensamiento es parar y dejar de sufrir. Si en ese momento no recuerdo porqué lo estoy haciendo, simplemente me detendré y dejaré escapar mi deseo.

Además, hay algunos estados mentales como los episodios depresivos o el “síndrome amotivacional” secundario al consumo de tóxicos que pueden provocar la disminución de la motivación, la capacidad para disfrutar o nuestra fuerza de voluntad. En esos casos puede ser necesario, además de todas las estrategias descritas, la intervención farmacológica.

Si deseas aumentar la autoestima y mejorar tu motivación personal podemos ayudarte. Muchos problemas de motivación tienen su origen en trastornos de personalidad que se pueden tratar y mejorar la predisposición a asumir nuevos retos.

Marta Robles
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