¿Cuándo es sano el amor y cuándo deja de serlo?

El amor desde un punto de vista psicológico

Resulta complejo dar una definición de un sentimiento tan nombrado y sentido como es el amor. La Real Academia Española (RAE), lo ha intentado con algunas definiciones, que ponen de manifiesto los aciertos y distorsiones sociales que tenemos a nivel social para comprender de manera sana este sentimiento.

En primer lugar, la RAE propone la siguiente definición de amor: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.

Abraham Maslow propuso en 1943 su teoría sobre la motivación humana en la que formula una jerarquía de necesidades que el ser humano necesita alcanzar para lograr su bienestar. Parte en la base de la pirámide, las necesidades más instintivas de supervivencia, como son las necesidades fisiológicas y va ascendiendo en la pirámide a otra serie de necesidades como son las de pertenencia, afecto, amistad y la pareja.

Podríamos definir la necesidad de tener pareja como básica si la encuadramos en la necesidad de perpetuar la especie a través del contacto sexual, pero en la evolución del ser humano esta necesidad se ha complejizado en su significado.

La necesidad del contacto sexual cubre también la necesidad de sentir placer y de vincularnos, comunicarnos e implicarnos más con nuestra pareja, ya que esta cumple el fin de aportar placer, estabilidad y bienestar emocional a través del sentimiento del amor y de sentirnos enamorados.

Desde esta reflexión podemos encuadrar la definición de la RAE que comprende el amor romántico como una necesidad. Si vemos el amor desde esta perspectiva, lo podemos vivenciar desde la dependencia emocional hacia el otro, es decir, necesitar a otra persona para lograr nuestro bienestar.

“El mito del amor romántico nos ha hecho creer que estar soltero/a equivale a estar solo/a, y eso no es verdad. Se puede ser totalmente feliz sin tener pareja.”

¿Cuándo es sano el amor y cuándo deja de serlo?

Mitos del amor romántico: cuando el amor no es sano

Aquí encontramos el mito de la media naranja, uno de los mitos del amor romántico, que nos dice y hace creer que si no hay una persona a nuestro lado no estamos completos y nos falta algo.

Este discurso que, a priori, parece muy bonito y entrañable, puede resultar patológico a largo plazo, ya que podemos tender a atribuir nuestro bienestar o malestar a nuestra pareja y percibirnos a nosotros mismos a la deriva, presos de lo que un tercero diga o haga. Ejemplos: “No soy nadie sin…”, “Mi vida es un horror porque mi pareja…”, “Ya no merece nada la pena porque no está él/ella”.

Por otro lado, también podemos vernos como los abanderados o protectores de nuestra pareja. Si esto ocurre, nos veremos responsables del malestar de nuestra pareja, generando sentimientos de culpa e hiperresponsabilidad: “Por mi culpa está llorando y no es feliz”, “no le/la puedo hacer feliz”, “no sé cómo hacer que no sufra, soy un novio/novia pésimo”.

Siguiendo en esta línea, distorsionamos el concepto de amor romántico pensando que siempre sentiremos esta emoción de la misma manera hacia la persona querida, independientemente del tiempo que pase o las circunstancias que ocurran en mi vida.

Esto es imposible porque los primeros momentos de una relación sentimental suelen ir motivados por sensaciones y emociones muy intensas y agradables. De hecho, el amor en sus primeros momentos genera cambios fisiológicos en nuestro organismo que afectan directamente a los centros del placer de nuestro cerebro.

A nivel bioquímico, los seres humanos nos enamoramos cuando percibimos reciprocidad en una persona a la que atribuimos características psicológicas, sociales y físicas que nos resultan atractivas.

¿Cuándo es sano el amor y cuándo deja de serlo?

Parte de estas características son aprendidas por nuestras experiencias pasadas, modelos de educación, cualidades o carencias personales, etc. Esto explica por qué los cánones de belleza o los adjetivos que se busca en un hombre y mujer, cambian con cada generación.

Esta interpretación automática pasa al sistema endocrino secretando una serie de hormonas como la dopamina, que está íntimamente relacionada con la activación de los centros del placer del cerebro. Estas reacciones son similares a las que se producen al consumir algunas drogas de abuso o conductas adictivas.

Esta reacción, produce una serie de sensaciones y emociones intensas en nuestro cerebro e imposibles de mantener a largo plazo, por lo que, si entendemos el amor como estas sensaciones, lo estamos entendiendo como una reacción química, abrupta y fugaz, lo que se contrapone al concepto de pareja.

Algunas personas muestran patrones de conducta hacia las relaciones sentimentales desde la búsqueda de esta sensación idílica. Parejas que se inician de forma rápida e intensa y que terminan unos meses después para posteriormente buscar de nuevo otra relación y encontrar de nuevo esa sensación.

El amor sano

Sin embargo, el concepto de amor puede ir más allá esquivando los mitos hacia relaciones de dependencia emocional y las pretensiones desajustadas a largo plazo. El amor puede entenderse como un sentimiento que se basa en la construcción y mantenimiento de un vínculo, basado en el apego a otra persona que aporta una serie de beneficios a nivel emocional, social y personal, y con quien se decide estar, no por necesidad o porque de él o ella dependa la propia felicidad y el bienestar.

Esto nos acerca más a la segunda acepción propuesta por la RAE, que describe el amor como “un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.

El mito del amor romántico nos ha hecho creer que estar soltero/a equivale a estar solo/a, y eso no es verdad. Por tanto, el amor como complemento sin obligado cumplimiento a esa reciprocidad nos va incrementar el bienestar, pero no significa que si estamos sin pareja no podamos ser felices y sentirnos llenos. Es decir, la necesidad de sentirnos queridos y amados fuera de la relación de pareja la podemos encontrar en la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, etc., y podemos afirmar que se puede ser totalmente feliz sin tener pareja.

¿Cuándo es sano el amor y cuándo deja de serlo?

Es importante entender bien esto, porque podemos encontrarnos con personas que pueden llegar a sufrir ansiedad o depresión por no tener pareja. A muchas personas el hecho de no tener pareja les supone una dificultad muy grande para avanzar en su día a día. Buscan de forma interminable e incansable una pareja y cada persona que conocen, antes de conocerla de verdad, ya la llaman pareja para de ese modo saciar esa necesidad creada, en muchas ocasiones, por el mito del amor romántico.

En conclusión, el tener una interacción sana con las personas que nos rodean, ya sean nuestra pareja, amigos o familia, es lo que verdaderamente nos va a hacer sentirnos felices, pero porque partimos de la premisa que para poder querer a alguien primero nos tenemos que querer a nosotros mismos y aprender a cuidarnos para después dejarnos querer y compartir con todo lo que nos rodea.

Pedro y Beatriz

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