Los regalos y sus conflictos

La Navidad representa una época del año especial y donde todas las circunstancias que la rodean tienen que significar armonía y carga de buenos deseos. Una tradición típica de estas fechas son los intercambios de regalos para los adultos y hacer realidad los sueños de los niños, ya sea por Papá Noel o por los Reyes Magos.

¿Por qué nos atraen los regalos?

La publicidad es una herramienta muy útil que destina su trabajo a impulsar deseos, necesidades e idealizar los ingredientes de felicidad en esta época del año. Y, además, en muchas ocasiones, el apelar al plano emocional en cada mensaje es la forma en la que trata de dar este sentimiento y representarlo a través del significado que pueden tener los regalos y, como tal, el arte de regalar.

Si profundizamos en esto, el acto de dar y recibir regalos es únicamente de los seres humanos y tiene un lenguaje universal donde se expresan sentimientos y buenas intenciones. Es la forma de representarlo para fortalecer o mantener los vínculos y las relaciones entre las personas.

Los tipos de regalos

Al igual que hay muchos tipos de relaciones, también hay muchos tipos de regalos y formas de regalar. Hay regalos personalizados, regalos imprevistos, regalos por compromiso etc. Es decir, tenemos que saber que el regalo cumple una función social de agradecimiento, reconocimiento, invitación, compensación o simplemente cumplir con la expectativa esperada en el momento temporal y por el tipo de relación.

El regalo sincero hace que se fortalezca y mejoren las relaciones y se refuercen los vínculos. Hay que resaltar las emociones que hacen sentir la acción de regalar, como la alegría o la ilusión. Quien ofrece y entrega muestra una intención normalmente positiva hacia la otra persona, y el hecho de recibir hace que uno se pueda sentir valioso y querido por quien regala.

¿Qué supone dar un regalo?

De esta forma podríamos decir que el acto de regalar implica un cierto grado de empatía, ya que uno piensa en el otro, en lo que le puede gustar, en lo que puede sentir cuando reciba el regalo, el tomar tiempo para pensar en la otra persona, y ser creativo en la elección, así como el envoltorio y el pensar en qué momento se va a dar el regalo y en qué contexto.

Esto hace generar una expectativa de ilusión y sorpresa, que también repercute favorablemente en uno mismo y que en parte se va a ver compensada, pues hay una respuesta socialmente aceptada en la recepción del regalo y en el expresar agradecimiento. Es cierto que los regalos generan felicidad en quien lo recibe y satisfacción a quien lo entrega y esto a su vez se incrementa al significado emocional que pueda tener el regalo en sí, independiente de su coste económico.

Pero es cierto que, en estas fechas, más que estrechar vínculos o mostrar un acto de generosidad, el tener que regalar se puede convertir en una obligación y puede suponer un estrés o carga al tener que regalar a varias personas a la vez y en el mismo momento. Esta circunstancia puede hacer que se pierda esa parte de ilusión y sorpresa y cuestionar el significado del regalo ya que hay más de (auto)imposición por el deber de regalar que el querer regalar, y esto influye también en la receptividad de los regalos que nos harán y que en muchas ocasiones no se ajustarán a lo que nos gustaría o desearíamos porque nos puede condicionar este componente más negativo.

Qué hacer si regalar se convierte en una situación de estrés

Si esto ocurre, y el regalar en Navidad se puede convertir en una fuente de presión, quizá la pregunta que nos deberíamos hacer es qué es para nosotros un regalo y cómo queremos regalar, antes de qué regalar y cumplir con esta imposición que nos puede generar un conflicto interno que moviliza cierta carga de ansiedad. Además, esto puede hacer que se pierda la esencia y el fin del regalo y se simplifica al mero hecho de generar un comprometido intercambio.

Llegados a este punto sería muy interesante poder hablar con los seres queridos y tratar de acordar cómo poder hacerlo en estas fechas, que el acto de regalar sea más viable si aparece el agobio y la incomodidad con respecto a los regalos y mantener su sentido de generosidad y gratitud, o acordar el que no se regale si supone dicha obligación y tener la libertad de expresar de forma asertiva cómo proceder o buscar alternativa a este acto.

Se pueden establecer criterios comunes entre todos. Esto ya va a suponer un avance en el contexto familiar puesto que nos va a facilitar compartir nuestras incomodidades y preocupaciones y tener la oportunidad de escuchar lo que los demás también pueden pensar al respecto.

Herramientas que ayudan a disfrutar de hacer regalos

  • Generar una lista de deseos: se trata de una estrategia en donde cada persona hace una lista de deseos, como si fuese la carta a los Reyes Magos con las cosas que queremos, necesitamos o nos hacen ilusión, y lo comparte con el resto de la familia. De esta forma, se eligen regalos que pueden ajustarse a nuestras posibilidades y tenemos la certeza de que van a gustar a la persona. Podemos añadir un toque especial o personalizado en el envoltorio, o podemos acompañarlo de una tarjeta donde podamos expresar un deseo o una cita indicada para la persona y que sirva para poner nuestra firma.
  • Poder regalar un presupuesto: se ha convertido en algo fácil y cómodo, pero a su vez es práctico. Esta práctica suele tener una connotación negativa ya que parece que no se pone esfuerzo por regalar y pensar en el otro, simplificando la acción a un cheque regalo. Pero si lo pensamos con honestidad, todos sabemos lo que necesitamos o nos puede venir bien en un momento dado, y si nos regalan efectivo podremos destinar ese dinero a lo que verdaderamente queremos. En muchas ocasiones nos encontramos con regalos inútiles, poco prácticos y/o que nada tienen que ver con nuestros deseos y acaban en el fondo de un armario, por ejemplo. El poder regalar una cantidad de dinero y que lo podamos personalizar a la persona que lo recibirá no tiene por qué significar indiferencia. Por el contrario, incluso nos puede generar satisfacción cuando dicha persona comparta con nosotros lo que se ha comprado gracias a nuestra aportación y nos traslade su ilusión.
  • Pactar no regalar y sustituir por alguna otra acción o celebración que vincule y fortalezca los lazos de unión y celebración.

¿Qué pasa cuando recibimos un regalo que no nos gusta?

El ser asertivo y poder expresar agradecimiento ante un regalo es importante, pero también es importante compartir lo que podemos preferir como regalo. Hay estudios que avalan los beneficios de ser explícitos en el intercambio de regalos (revista de psicología social experimental, vol 47, nº 5, septiembre 2011, pág. 915-922). Y es que las personas aprecian más un regalo que se ha pedido.

Esto supone que también tenemos que entender que podemos recibir un regalo que no nos guste, y eso nos puede generar frustración que no tenemos por qué manifestar expresamente, aunque en un inicio hayamos sentido alegría por haber recibido el regalo.

Por norma social no se suele exteriorizar el que no nos guste un regalo, valorando el propio acto de regalar como tal, contando con todas las buenas intenciones que lo acompañan. Esto puede suponer un dilema al plantearnos qué hacer con el regalo no deseado. Los pensamientos que podemos tener hacia la otra persona pueden ser: “¿realmente no sabe lo que me gusta?”, “no ha estado a la altura de lo que yo he regalado”, “lo ha hecho a propósito”, “no importo”, etc.

Es importante saber que se puede devolver o cambiar el regalo y no tiene por qué suponer un desprecio hacia la persona. La realidad es que la persona que regala da el regalo para que se haga con él lo que se quiera, pero las personas que lo reciben sí sienten una vinculación más fuerte y se pueden sentir atrapadas por el regalo en sí. La culpa es una emoción que puede aparecer si uno dice su desagrado o si no lo dice y se queda con la frustración de no haber expresado con sinceridad lo que piensa por evitar que la otra persona se pueda sentir mal.

Sea como sea, vamos a intentar resolver una situación que a priori parece sencilla pero que puede generar mucho malestar. Identificar lo que queremos y nos gustaría, compartir y atender los deseos de los demás, compartir entre todos cómo podemos hacer las cosas atendiendo a cada uno y llegar a acuerdos sería una forma muy sana de resolver tensiones o conflictos utilizando la comunicación.

No es más sano hablar las cosas que reprimir nuestras emociones y que el otro no entienda qué nos está pasando. Expresar, decir, comunicar y compartir lo podemos hacer con palabras y nos puede ser muy útil para poder resolver y disfrutar de las situaciones cotidianas de la vida.

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