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Qué es la ansiedad y cuáles son sus síntomas

21/12/2020

Para identificar una crisis de ansiedad es importante conocerse a uno mismo y conocer las propias reacciones que tenemos ante eventos cotidianos del día a día. Aprender a escuchar al cuerpo y observar las reacciones emocionales sin juzgarlas, es un buen comienzo para regular la ansiedad. En definitiva, nos caracterizamos por lo que somos, sentimos, pensamos y actuamos.

Qué es el trastorno de ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural de activación de nuestro cuerpo, que sienten también todos los animales, como respuesta de supervivencia necesaria y útil para poder hacer frente a determinadas situaciones de la vida consideradas como amenazantes y que rompen el equilibrio, que cumple la función de escapar de un peligro, hacer frente a un riesgo o reaccionar ante presiones de nuestro entorno.

Cuando sentimos ansiedad estamos sintiendo emociones como miedo, angustia, preocupación, enfado o tristeza, entre otras, con una intensidad elevada. Estas emociones mandan como señal una respuesta fisiológica, al sentirlas damos una interpretación y hacemos algo al respecto.

Esto significa que lo que sentimos nos sirve de señal para actuar y la ansiedad que aparece es fruto de esa activación en base a lo que sentimos y estamos percibiendo, siendo necesaria para activarnos ante un examen o esquivar un obstáculo si vamos conduciendo, como ejemplos.

Al igual que los animales sienten ansiedad cuando se encuentran ante un depredador y se preparan para la lucha o la huida o se paralizan para resolver el peligro, nuestro cuerpo también obedece a esta respuesta natural. Sin embargo, a diferencia de los animales, nosotros podemos complejizar mucho más esta circunstancia y convertimos una amenaza real en un peligro desproporcionado o magnificado. Y por ello la ansiedad se convierte en un problema.

Evidentemente, a día de hoy no tenemos que luchar ni huir de ningún depredador, y este derroche de energía lo que nos genera es sentir mayor malestar, traduciéndose en síntomas desajustados como temblores, palpitaciones, sudoración, hormigueo, dolores de cabeza, visión nublada… sin comprender lo que nos está pasando.

Síntomas de la ansiedad

Cuando sentimos ansiedad, la respuesta fisiológica que se genera libera hormonas como la adrenalina, que promueve cambios físicos en el cuerpo generando sensaciones desagradables como:

  • Tensión muscular (para la lucha o huida).
  • Aumento de la respiración (se puede hiperventilar al respirar más superficialmente) para que el corazón bombee más deprisa la sangre para oxigenar la demanda del sistema motor.
  • Náuseas o nudo en el estómago al disminuir la actividad del sistema digestivo y reajustar recursos en el organismo.
  • Pérdida de sensibilidad en las extremidades.
  • Sensación de falta de aire.
  • Temblores.
  • Sudoración.
  • Pinchazos en el pecho.
  • Bloqueo.

La diferencia que tenemos con respecto a los animales es que estos, cuando pasa el peligro, vuelven a su estado de equilibrio, pero el ser humano no. Es decir, cuando una persona siente ansiedad, los propios síntomas fisiológicos los percibe como una amenaza y puede interpretarlos como que su salud no está bien y le va a pasar algo malo.

A su vez, la situación que le ha generado la ansiedad puede tender a valorarla con un exceso de preocupación o miedo desproporcionado e irracional, con anticipaciones negativas o con sentimientos de incapacidad para resolver la situación.

La respuesta cognitiva, por tanto, se ve interferida y genera sesgos de interpretación no ajustados a la objetividad de la realidad, lo que se denominan pensamientos negativos y se pueden convertir en habituales produciéndose de forma automática como, por ejemplo: “no voy a ser capaz de superar esto”, “esto es horrible”, “voy a perder el control”, “soy una carga para los demás”, “la ansiedad me atrapa y no me deja vivir”, etc.

Por ello, la persona tiende a evitar el malestar que está sintiendo y genera respuestas conductuales de evitación de las situaciones que le generan ansiedad, ya que corta el proceso de activación sin que se resuelva eficazmente.

La consecuencia a corto plazo es positiva porque produce alivio, pero a medio plazo la reacción ansiosa se hace más fuerte, ya que genera lo que denominamos el círculo vicioso: sentimos malestar fisiológico, aumenta la preocupación, lo que hace aumentar el malestar y se interpreta como incapaz de controlar, aumentando la sintomatología ansiosa.

Como decíamos anteriormente, es muy importante identificar el componente emocional ya que nos puede ayudar a anticiparnos a una posible crisis, sabiendo cómo funciona y así analizar todo lo que hay detrás.

Una vez conocemos bien qué es la ansiedad y cuáles son sus síntomas, estaremos mejor capacitados para detectarla, tanto en nosotros mismos como en allegados. Una vez somos capaces de identificar una crisis de ansiedad, podemos afrontarla y controlarla para reducir el malestar, entendiendo que en su justa medida es útil y nos ayuda a enfrentarnos a determinadas situaciones de la vida. Descubre cómo controlar la ansiedad y algunas recomendaciones fundamentales para reducirla.

autor-psico

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